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El Institut pour la démocratie formula recomendaciones en el ámbito de las instituciones políticas a los diferentes países por medio de una red de expertos que comparten los mismos puntos de vista.

Para que un Estado cumpla con las normas adecuadas, hace falta incluir los principios de la democracia en el preámbulo de la constitución. A medida que avanza la globalización, su reconocimiento a nivel supranacional obligará a los Estados miembros a cumplir estas reglas fundamentales del juego. El primer paso empieza con un mejor respeto de la separación entre la esfera privada y el dominio público.

El Institut pour la démocratie organiza seminarios en Francia y al extranjero sobre problemas institucionales, por iniciativa propia o a petición de los responsables políticos locales. En ellos se reúnen expertos, generalmente académicos, y responsables políticos con el fin de mejorar el carácter democrático de las instituciones y facilitar una mejor toma de decisiones en los países interesados. Ya ha intervenido en más de veinte países desde su fundación.

Entre los seminarios más notables figura el relativo a la evaluación de quince años de experiencia constitucional en los países de Europa central y oriental, organizado en colaboración con la Comisión de Venecia (Consejo de Europa). A petición de un Estado, o por iniciativa propia, el Institut pour la Democratie realiza una auditoría democrática de un país con dificultades institucionales. A título indicativo, presentamos en la versión francesa del sitio un ejemplo (informe sobre Birmania) que ha permitido entender mejor la evolución del país. En él se recomienda un régimen parlamentario básico, cuya eficacia ha quedado ampliamente demostrada, que se puede resumir en una constitución de 30 artículos, 10 de los cuales establecen las reglas de la democracia en el preámbulo.

El Institut pour la démocratie no es indiferente a los regímenes occidentales, cuyas disfunciones reflejan menos una crisis de la democracia que la mala aplicación de sus reglas. Aboga por reunir un club internacional de demócratas, con el fin de reforzar la cooperación entre los pensadores políticos, hoy en día bastante ausentes, para presionar a los decidores políticos que están demasiado bajo la influencia de los medios de comunicación. La perspectiva de reconciliar a los gobernados con sus gobiernos, gracias a un aumento de la racionalidad en el proceso de toma de decisiones, será entonces posible. Esto puede requerir a largo plazo dos tipos diferentes de delegados de los ciudadanos: los que toman las decisiones políticas ordinarias y los que se encargan de las reglas de juego aplicables a los diferentes tipos de actores políticos – una decena de ellos en la práctica – con la ayuda de los “médicos de la democracia”.